Cuando la política olvida al ciudadano


En la opinión de Marco Antonio Villa Acedo

Se acercan los tiempos electorales y, nuevamente, comenzamos a observar un fenómeno que parece repetirse: algunos partidos políticos se empeñan en “canonizar” políticamente a personajes que ya tuvieron la oportunidad de gobernar, aun cuando dejaron a su paso municipios, comunidades o instituciones con grandes problemas que todavía padecen los ciudadanos.

Es un modo de operar que no parece exclusivo de México. También se manifiesta en Sonora.

Y aquí vale la pena preguntarnos:

¿Cuánto tiempo debe recordar un partido la trayectoria de un político y cuánto tiempo debe recordar el ciudadano las consecuencias de un gobierno?

Porque en política parece existir una memoria muy selectiva.

Se olvidan los errores.

Se olvidan las decisiones equivocadas.

Se olvidan las comunidades que quedaron abandonadas.

Se olvidan las promesas incumplidas.

Y, en ocasiones, hasta se olvidan los cuestionamientos que en su momento provocaron indignación.

Todo parece quedar atrás cuando llega nuevamente el momento de buscar una candidatura.

Pero el ciudadano no debería tener esa obligación de olvidar.

La democracia no puede reducirse a cambiar una boleta cada tres o seis años. 

La democracia también debe significar memoria, evaluación y responsabilidad.

Un funcionario público debe ser evaluado por lo que hizo cuando tuvo la responsabilidad 
de gobernar, no solamente por la capacidad que conserve para reunir seguidores o mantener 
una estructura política.
Porque representar a un grupo de personas no borra los resultados de una administración.
Tampoco una fotografía, una alianza política o una nueva candidatura pueden borrar lo 
ocurrido en una comunidad.
Y aquí está una de las grandes tareas que tenemos como ciudadanos:
aprender a evaluar a quienes quieren volver a representarnos.
Preguntar:

¿Qué hicieron?

¿Qué dejaron?

¿Qué resolvieron?

¿Qué no resolvieron?

¿Qué recursos administraron?

¿Qué resultados entregaron?

¿Cumplieron?

¿Fueron honestos?

¿Estuvieron cerca de la gente?

¿Y qué hicieron cuando tuvieron la oportunidad de servir?

No podemos seguir construyendo democracia sobre el olvido.

México tiene enormes posibilidades. Sonora también.

Pero mientras los partidos sigan reciclando personajes sin que exista una verdadera 
evaluación ciudadana de su desempeño, estaremos perdiendo una oportunidad 
fundamental: la oportunidad de renovar la política desde una sociedad pensante, 
crítica e inclusiva; una sociedad que no olvida y que también cuestiona a aquellos 
personajes que, después de haber tenido responsabilidades públicas, decidieron 
esconderse, alejarse o incluso autoexiliarse de la vida de sus propias comunidades y 
hoy pretenden regresar como si la memoria ciudadana no existiera.


La política no puede ser refugio para quien abandona a su pueblo cuando las cosas 
se complican y regresa cuando nuevamente existen posibilidades de poder. La 
ciudadanía merece memoria, congruencia y responsabilidad.

No se trata de estar en contra de una persona por el simple hecho de haber ocupado un 
cargo público.

Se trata de algo mucho más sencillo:
quien ya gobernó debe rendir cuentas ante la memoria de los ciudadanos.
Si hizo un buen trabajo, que lo demuestre.
Si cumplió, que presente resultados.
Si sirvió a su comunidad, que la comunidad lo reconozca.

Pero si dejó problemas, corrupción, abandono o daño al municipio que tuvo bajo su 
responsabilidad, no podemos pretender que una nueva candidatura borre la historia.
Porque entonces la pregunta ya no es solamente quién quiere volver a gobernar.
La pregunta es:

¿por qué seguimos permitiendo que nos gobiernen quienes ya tuvieron la oportunidad 
y no respondieron a la altura de ella?

La democracia necesita partidos.

Pero, sobre todo, necesita ciudadanos capaces de recordar, evaluar y decidir.

Y mientras no aprendamos a hacerlo, seguiremos perdiendo oportunidades.

Seguiremos dejando que otros decidan por nosotros.
Y lo más doloroso será volver a perder, una vez más, nuestro pueblo.