Gaspar Navarro Ruíz
Crítica
Octubre fue “negro” para Sonora por el azote de varios huracanes que llegaron convertidos en tormentas tropicales como lo hizo a inicios de este mes “Polo” y a finales “Vance”, los cuales dejaron en la región de Guaymas-Empalme 2 muertos, y uno más en Soyopa, además de inundaciones de colonias, evacuación de familias, pueblos incomunicados, daños en calles, carreteras, caminos rurales, malecones, barcos camaroneros y postes de electricidad.
Los efectos del huracán “Polo” a principios de octubre causó graves daños en Guaymas-Empalme y en varios municipios del sur, así como en Hermosillo, y poblaciones serranas, poniendo en evidencia la incapacidad oficial para prevenir y enfrentar desastres naturales al carecer de un efectivo programa de protección civil.
El paso del huracán Polo por Sonora dejó una persona muerta, más de mil habitantes trasladados a refugios temporales y comunidades rurales que continuaban incomunicadas debido a inundaciones, daños en caminos y el colapso de infraestructura.
Hace unos días el gobierno estatal no terminaba de entregar despensas, láminas, botellitas de agua y cobijas a los damnificados de 13 municipios declarados en Estado de Emergencia por las intensas lluvias dejadas por Polo en municipios del sur de la entidad afectando a más de 29 mil personas, cuando el pasado fin de semana las torrenciales lluvias derivadas de los remanentes del huracán Vance azotaron una vez más a Guaymas-Empalme y el sur del estado, causando también esas lluvias inundaciones en Hermosillo, la Costa y en Bahía de Kino.
La temporada de huracanes que en forma regular de presentaba en septiembre, se hizo presente en octubre con los fenómenos Trudy, Rachel y otros más que azotaron las costas del Pacífico, siendo benévolos para Sonora, pero Polo y Vance al llegar como tormentas tropicales con intensas lluvias azotaron a Guaymas-Empalme (con miles de pobladores afectados por las inundaciones causadas por el desbordamiento de arroyos), la zona serrana y el sur de la entidad.
Por las intensas lluvias de Vance, el pasado fin de semana fallecieron dos personas en Guaymas, luego de que el vehículo en el que viajaban fuera arrastrado por la corriente de agua y lodo de un arroyo, además de afectaciones en al menos 249 viviendas inundadas, daños en infraestructura urbana y carreteras, siendo considerada ante la magnitud de la contingencia como una de las peores inundaciones de la región.
Cuando se registraron las inundaciones y daños materiales y la muerte de una persona por las intensas lluvias de Polo, apuntamos a inicios de octubre en este espacio la falta de un programa de protección civil, y un Atlas de Riesgo en Sonora para detectar poblaciones en riesgo ( y su necesidad de reubicarlas) por lluvias o desborde de arroyos, los fuertes vientos o en el caso de la costa por el aumento de la marea y el azote de las olas de gran tamaño.
“El Estado no tiene derecho a fallar”, declaró el gobernador Alfonso Durazo en el aniversario del incendio de la tienda Waldos de Hermosillo que dejó 24 muertos y una estela de impunidad al no ser detenidos los responsables del infierno que enlutó a la sociedad sonorense.
El aniversario luctuoso por la tragedia de Waldos, y la muerte y destrucción causadas por las pasadas intensas lluvias sirvió de marco para el que el gobernador Durazo informara de la creación del Instituto de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil aprobado por el Congreso del Estado, el cual en el discurso vendrá a salvarnos con la prevención de desastres como el registrado en la tienda comercial, y ahora por tormentas tropicales o por la presencia de huracanes.
En la letra el nuevo modelo de Protección Civil tendrá autonomía y estará encargado de diseñar políticas públicas orientadas a identificar amenazas, evaluar vulnerabilidades y establecer mecanismos de prevención antes de que ocurran emergencias, sin mencionar si tendrán modernos sistemas meteorológicos para prevenir o alertas sobre presencia o posibles efectos de los huracanes en Sonora, o de una lluvia atípica que inunda Nogales, desborda arroyos en Guaymas-Empalme y genera caos en la zona costera.
Por fortuna Sonora está alejada de zonas sísmicas, porque sería el colmo que se registrara un terremoto con daños incalculables ante la ausencia de un efectivo sistema de prevención.
Lo peor de todo, es que el gobierno federal eliminó el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) con el cual las entidades recibían recursos financieros para atender daños en poblaciones causados por lluvias, incendios o un temblor. Hasta eso que ese Fonden era inservible por llegar los recursos años después (si es que llegaban) para enfrentar daños en viviendas, afectación en el campo o en infraestructura urbana o carretera.
Más malo todavía que el Gobierno de Sonora no tiene su propio Fondo para Desastres Naturales, por lo que para enfrentar emergencias utilizar limitados presupuestos de dependencias estatales para repartir despensas, cobijas, láminas de cartón y botellitas de agua.
Apunten desde ahora que el Instituto de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil nació muerto, aun no tiene reglamentación, ni recursos financieros al carecer de presupuesto estatal, ni cuerpo directivo que al parecer serán cinco valientes ciudadanos muy bien pagados con recursos públicos quienes tendrán que responder cuando se registre una desgracia como la del “Waldos”, dejando de lado la responsabilidad del gobierno estatal.
Así es de que los cielos nublados que eran una bendición y la esperanza de la presencia de lluvias en este desierto que sufre de sequía ancestral, ahora son vistos con miedo y terror de que una lluvia atípica cause inundaciones y la corriente se lleve autos, casas, perros y personas.
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